Ad Universarum Terrarum Orbis Architectonis Ad Gloriam Ingentis


LA BOVEDA CELESTE I

El libro más antiguo de cuentos


La masonería como escuela filosófica ocupa dentro sus enseñanzas a los símbolos como herramientas didácticas, el símbolo por su naturaleza tiene una expresión propia. Es mi intención expresar algunos conceptos acerca de la bóveda celeste, dando principio con el tratamiento usado como el libro más antiguo de cuentos.

La bóveda celeste ha sido utilizada como un libro que inmutable en los cielos nos permite representar en las figuras creadas por la imaginación una enseñanza que plasmada en el firmamento se preserva al paso del tiempo. Ya que no es posible para un ser humano "tomar" una estrella del cielo y cambiarla de lugar o "borrarla", esta limitante ha permitido al hombre plasmar en la bóveda celeste los legados que pasando de boca a oído sirvieron como marco al primer libro de cuentos usado por el hombre, una de nuestras más preciadas herencias o legados.

Los cuentos se consideran relatos imaginarios muchas veces con carácter imaginario o irreal y se consideran de genero infantil, pero muchas veces su verdadero significado está puesto en la enseñanza puesta entre líneas, anteponiendo las virtudes a las pasiones en la lucha constante del bien y del mal en su juego complementario que arroja como resultado la vida misma.

En los cuentos de hadas se tiene como sustancia al símbolo, un representante del pensamiento antiguo y característico del hombre desde tiempos inmemoriales, mismo que refleja la enseñanza para que sea de mayor utilidad a su conducta, permitiendo conservar la sencillez y contexto de la enseñanza que se busca mostrar. Aprovechando la imagen mental que como un espejo analógico nos permite visualizar un ejemplo moral a seguir.

Es por esto que su enseñanza secreta esta vedada para quienes tratan de analizar un relato metafórico solamente basados en un punto de vista racional y escéptico, es menester aprender a leer entre líneas usando la retrospección y la interpretación afectiva, es decir poder crear una analogía que nos lleve a la comprensión de su contenido.

Los mitos o cuentos independientemente de su origen o genero, proponen inicialmente un enigma que a través de la trama o desarrollo del mismo llega a una conclusión que plantea las tres interrogantes: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?

El cuento o mito es casi siempre el resultado del conocimiento acumulado por una cultura que busca preservar su enseñanza por este medio. El origen de los cuentos es sin lugar a dudas una manifestación que nace con el lenguaje oral, previo a la escritura en todas las culturas.

El cuento o mito nació como una manera de transmitir las experiencias y mostrar una senda de superación dirigida a los adultos, a manera de una senda iniciática que por medio de expresiones de las virtudes y de los defectos de los personajes nos permitiera purificar nuestros conocimientos y nuestras potencialidades. El cuento después pasó a formar parte de la formación intelectual de la población infantil.

En ciertas épocas y lugares también se les llamó cuentos o consejas "de nodrizas", en primer lugar porque se dice que ellas los contaban o cantaban en forma de canciones de cuna a los niños a su cargo después de amamantarlos, entonces los términos de "hada nodriza" ó madre "alimenticia", el de "hada madrina" ó madre espiritual y el de "ángel de la guarda", son indudablemente analogías de los principios o conceptos de verdad, belleza y candor. Retomando el término de "Hada", este proviene del latín "fata", ó lo que es inminente, lo que es un hecho, lo que tiene que ocurrir y son por tanto antagónicas de las parcas, unas refieren a la vida, las otras a la muerte.

EL CIELO COMO SIMBOLO O ARQUETIPO



El cielo al darle significación simbólica se convierte en un arquetipo ó sistema de símbolos recurrentes, en el se corresponden con figuras o personajes acompañados de un relato a cada una de las representaciones de los sentimientos, aspiraciones y tendencias del hombre de todas las culturas y todas las épocas,.

De la observación de la bóveda celeste nace la sensación y el deseo de ascender, y como toda aspiración ascendente, tiende a comprender el origen o el creador de esa magna obra que denominamos cosmos, esta intención se define como una teofanía. Tratar de subir al cielo, es analogía de escapar a las limitantes terrestres, a las preocupaciones del presente, a la incertidumbre del mañana, es dejar a un lado la mediocridad de la existencia cotidiana simbolizada por el nivel del suelo, es la alta recompensa prometida a los elegidos en casi todas las religiones.

El desear escudriñar los secretos de la bóveda celeste, el elevar el pensamiento a otras altitudes y permitirnos plasmar esos ideales es la contraposición a la sensación que nos da la gravedad, entendida muchas veces como el sentimiento de contingencia. Escapar de esta sensación implica escapar de la realidad objetiva, del espacio y del tiempo. El cosmos, el cielo estrellado, es símbolo de esta ingravidez, en él no hay caída posible, y por lo tanto, se elimina la angustia que nace de la incertidumbre, se retorna a la esencia original perdida con el tiempo, se recupera el paraíso y la palabra perdida, tornamos al seno de nuestra madre.

En cuanto a lo imaginativo, el cielo se puede considerar como la patria de lo espiritual, en contraposición a la tierra, que es la patria de lo material, cual dos esferas, una terrenal y la otra celeste que permiten al hombre reconocer, no solo como su entorno lo tangible sino también lo intangible, en el juego dual de la existencia, dejándonos entrever la importancia de poseer un práctico y agudo sentido de la realidad, sin olvidar que el espíritu considerado como parte integral de su esencia, tiene la cualidad de permear sus objetivos de trascendencia, por medio de la libertad, las virtudes, de ascender o viajar como la luz por los confines del cosmos, ganando la batalla a la muerte, en un viaje constante por el estudio dirigidos hacia el progreso, como los astros circulan por el cosmos.

La bóveda celeste tiene como contraposición en la logia al piso, de baldosas blancas y negras. Una expresión profana diría que son sinónimos de cielo e infierno, o como el símbolo de los templos católicos, la estrella de cinco puntas puesta en el techo, en su entrada, que con sus piernas abiertas y la punta o cabeza hacia el Santo Santuorum análoga al hombre en posición de arrobamiento ante la obra del G:.A:.D:.U:. y al salir, se ve invertida, cual rostro de un macho cabrío que mira hacia el exterior del templo.

En la bóveda celeste se encuentra representado el Zodiaco con sus constelaciones, e la cultura hindú se dice que relata la historia de Ra-Ma, a modo didáctico de la senda iniciática de su formación, en los templos masónicos vemos la bóveda celeste unida al piso con la columna humo que emana del Altar de los Perfumes, en una ablución simbólica por ascender al cielo, o sea elevándose gracias a la fuerza de la fe en nuestros más altos ideales, dirigidos por la esperanza en alcanzarlos y motivados por el amor que le debemos a la humanidad.

En la narrativa de los cuentos es menester cumplir la metodología del relato basado en el nacimiento de la historia, su vida o desarrollo y la conclusión o fin del mismo, así es como sirve la bóveda celeste como marco para la actuación del Sol o astro dominante (Domine) iniciando como su viaje por el cosmos, en forma naciente naciente, o como la sombra viaja hacia la luz, o bien estando en el escenario narrativo en toda su fuerza y vigor, en su estancia en el medio día en punto, o como cuando se dirige a cubrir el ocaso, este es el escenario donde el adepto quien personifica al astro rey se desplaza en su eterno recorrido surcando la Rosa de los Vientos o en todas las direcciones, es representante del viaje de la oscuridad a la luz, del invierno a la primavera, de la muerte a la vida protegido por el manto de las hadas, nodriza, madrina y el hada protectora de los cuentos.

En el terreno de la dualidad, los cuentos han representado el juego de los complementos como manifestación de la vida, de su Gran Hacedor, con múltiples figuras aparentemente contrarias, el día y la noche, lo blanco y lo negro, el hombre y la mujer, arriba y abajo. Si bien en la dualidad Cielo-Tierra, el primero de los términos es masculino, se torna luego en femenino, emulando lo inmenso y lo acogedor (madre alimenticia, la madre espiritual y la madre protectora).

El ejemplo de esto se tiene en todas las culturas, tanto del viejo como del nuevo mundo, en el antiguo Egipto, el cielo era la Diosa NUT, representada en forma de un cuerpo femenino doblado a modo de bóveda sobre la tierra. Es la versión depurada de esta entidad femenina del cielo lo que se expresa en la figura grandiosa de la Rosa Celeste (la Rosa de los Vientos), en el culto religioso católico se hace la invocación a la Virgen María (mater-rea, materia; cubierta con un manto color de noche, lleno de estrellas, bordeado por el filo plateado de la vía láctea y con la luna a sus pies) pidiéndole su intervención a la hora de la muerte. Lo cual sin lugar a dudas puede ser la razón de disfrazarla de hada madrina o nodriza o ángel de la guarda en los cuentos de hadas. Otro ejemplo se puede encontrar en la diosa Venus, quien nace del océano y en lugar de luna tiene una concha bajo sus pies.

Esta exposición es solo un intento por correlacionar los símbolos usados por el hombre a través de los tiempos y que gracias a la bondad de su didáctica han ganado un lugar preponderante en todas las culturas, sin menoscabo de la apreciación universal con la apreciación personal, recordemos que el hombre es un ser bio-psico-social.

Lo cual nos permite por su naturaleza tener propiedades congénitas, mentales y adquiridas por el entorno social que nos forma.

¡Es cuanto!

Frat:.

H:. Pedro
Verano de 1992 e:. v:.

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 Última actualización:  16 de Enero del año 2007 E:. V:.
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