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Un caracol y su conchita en espiral, me hizo pensar en la belleza de
la naturaleza. Desde un centro diminuto y negro iniciaba su
continuidad hacia el exterior; en cada vuelta había algo nuevo, aunque
sólo fuera su grososr, me parecía descubrir pequeñas formas anexadas
al giro... casi sin darme cuenta mis ojos se tenían en uno y otro
círculo y se perdían en su integración; su excelente armonía dando
vueltas sobre un mismo trazo, me hizo recordar un principio y una
continuidad, cada vez más amplia, cada vez más lúcida, cada vez más
definida.
De pronto la imaginé extenderse lateralmente y me sentí envuelta en la
infinidad laberíntica de sus curvaturas, me sentí planeta con órbitas
por doquier, unida irremediablemente a todo cuanto existiese debido a
sus círculos, me sentí pequeña ante la inmensidad de ese despliegue,
y me sentí grande también, porque en un punto determinado, ese
despliegue emanaba de mí. Pensé en el principio del mundo y su
historia hasta donde yo nací, pensé en todo el futuro que podría
depender de mi, de mis acciones... de mi vida.
Después volví a observar al caracol con esa maravilla a cuestas, las
circunferencias descendían poco a poco hasta tocar el polvo, la
Tierra, ésta que el ser humano habita, y sentí que estaba dentro de la
misma concha, sentí que llegaba del espacio un reflejo traducido en la
naturaleza que nos rodea, un eco perfecto del principio sin fin... de
la Eternidad. Lo que subía, descendía otra vez, entendí mejor el
macro y microcosmos, entendí el poder del eco y la unidad de su
fuente.
Tomé entre mis manos al diminuto molusco, que en ese momento yacía
escondido en su pequeño refugio, y le di vuelta hacia arriba... ahora
la imagen se elevó continuada por mis fantasías, quise subir también
al infinito, girar una y otra vez hasta quizá llegar... me causó
mareo, me sentí alejada de mi yo, me sentí confundida; quizá una senda
en forma de espiral no era la manera más propia de ascender, pues en
alguna parte de la ruta, mi camino se vería convertido en plano, y el
cielo dejaría de existir. Dejando el egoísmo de ser sólo yo, me vi
otra vez como principio, como centro, o como fin, según fuera el foco
de ubicación, aprendiendo una y otra vez en este plano, ascendiendo o
creciendo, pero siempre girando en el círculo de mis cavilaciones
hasta que me ensanché a tal grado, que alejándome de mí, no fui más yo
solo, sino que me convertí con todo lo existente, en la Unidad.
El caracol, salió de su concha, y el último suspiro de mi yo, también;
lo puse en tierra, como a mis pensamientos, y él siguió su camino con
su espiral a cuestas, mientras 'nosotros' (ya no solamente el "yo"
ego centrista)... continuamos Reflexionando...
Última
actualización: 16 de Enero del año 2007 E:. V:.
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