Ad Universarum Terrarum Orbis Architectonis Ad Gloriam Ingentis


EL CARACOL



Q:. H:. Milly F. R.

Un caracol y su conchita en espiral, me hizo pensar en la belleza de la naturaleza. Desde un centro diminuto y negro iniciaba su continuidad hacia el exterior; en cada vuelta había algo nuevo, aunque sólo fuera su grososr, me parecía descubrir pequeñas formas anexadas al giro... casi sin darme cuenta mis ojos se tenían en uno y otro círculo y se perdían en su integración; su excelente armonía dando vueltas sobre un mismo trazo, me hizo recordar un principio y una continuidad, cada vez más amplia, cada vez más lúcida, cada vez más definida.

De pronto la imaginé extenderse lateralmente y me sentí envuelta en la infinidad laberíntica de sus curvaturas, me sentí planeta con órbitas por doquier, unida irremediablemente a todo cuanto existiese debido a sus círculos, me sentí pequeña ante la inmensidad de ese despliegue, y me sentí grande también, porque en un punto determinado, ese despliegue emanaba de mí. Pensé en el principio del mundo y su historia hasta donde yo nací, pensé en todo el futuro que podría depender de mi, de mis acciones... de mi vida.

Después volví a observar al caracol con esa maravilla a cuestas, las circunferencias descendían poco a poco hasta tocar el polvo, la Tierra, ésta que el ser humano habita, y sentí que estaba dentro de la misma concha, sentí que llegaba del espacio un reflejo traducido en la naturaleza que nos rodea, un eco perfecto del principio sin fin... de la Eternidad. Lo que subía, descendía otra vez, entendí mejor el macro y microcosmos, entendí el poder del eco y la unidad de su fuente.

Tomé entre mis manos al diminuto molusco, que en ese momento yacía escondido en su pequeño refugio, y le di vuelta hacia arriba... ahora la imagen se elevó continuada por mis fantasías, quise subir también al infinito, girar una y otra vez hasta quizá llegar... me causó mareo, me sentí alejada de mi yo, me sentí confundida; quizá una senda en forma de espiral no era la manera más propia de ascender, pues en alguna parte de la ruta, mi camino se vería convertido en plano, y el cielo dejaría de existir. Dejando el egoísmo de ser sólo yo, me vi otra vez como principio, como centro, o como fin, según fuera el foco de ubicación, aprendiendo una y otra vez en este plano, ascendiendo o creciendo, pero siempre girando en el círculo de mis cavilaciones hasta que me ensanché a tal grado, que alejándome de mí, no fui más yo solo, sino que me convertí con todo lo existente, en la Unidad.

El caracol, salió de su concha, y el último suspiro de mi yo, también; lo puse en tierra, como a mis pensamientos, y él siguió su camino con su espiral a cuestas, mientras 'nosotros' (ya no solamente el "yo" ego centrista)... continuamos Reflexionando...

En la Triple Fraternidad:

Milly F. R.

Recopilación: Hermano Pedro

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 Última actualización:  16 de Enero del año 2007 E:. V:.
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