Ad Universarum Terrarum Orbis Architectonis Ad Gloriam Ingentis

 

FESTÍN OLÍMPICO
(La Familia)


Pensativos, con los cálices en alto, aguardaban los semidioses.

Era el festín olímpico, al que había convocado el padre de los dioses y de los hombres, para decidir quiénes entre ellos, nacidos de la unión de un dios con una criatura, habrían de ascender a la categoría divina y quiénes descender a la condición humana.

Y sabían que el secreto estaba en la elección del licor con que habían de llenar las copas.

Era el juicio de Zeus. Escanciaban, expresamente escogidos para aquella ocasión, la radiante Afrodita y el contrahecho Hefestos o Heifastos.

Y para que fuera sólo el azar quien interviniera en asunto de tanta trascendencia, se les permitía, como era costumbre en las libaciones rituales gustar una gota del licor del destino, antes de beber de él.

Turbador y exquisito era el de Afrodita, amargo el del cojo Hefestos.

Y bebieron todos de el que escanciaba la fascinadora hija de la espuma, seducidos tal vez por la magia de su sonrisa que hacía felices a los dioses y a los hombres o atraídos acaso por el incitante aroma del licor que les brindaba.

Sólo el astuto vástago de Maya, nieto del coloso de Mauritania, a quienes por él, fue más tarde concedida la inmortalidad, sospechando el artificio, bebió del licor amargo, en el que hábilmente se disimulaba el néctar deífico.

Y bajaron los primeros a las oscuras moradas de los efímeros y permaneció en la mansión de los inmortales el Dios del Viento y padre de la lira Hermes.

Cuántas veces pensativos frente al enigma, nos hemos preguntado también nosotros : ¿ con que llenaremos la copa de la vida ?... Porque la vida es un vacío; mayor o menor según el individuo, pero que no desaparece con la satisfacción de las necesidades físicas.

Satisfecha el hambre y aplacada la sed, acallado el grito de la especie, que clava su aguijón en nuestra entraña, pugnando por su perpetuación, el vacío de la vida sigue clamando; mientras no se comprenda el género de plenitud que reclama, permanecerá sin solución el problema humano.

Decimos el problema humano para cuya solución es indispensable el conocimiento profundo del hombre, porque nada tan absurdo como, partiendo de un concepto que nos asimila al bruto, pretender resolver un problema que para el bruto no existe.

El bruto satisfecho ya no es problema; el hombre satisfecho sigue siendo un problema.



Y todo esto pertenece a un mundo que el bruto no conoce; al mundo moral que se extiende a los dominios de la conciencia y que pertenece al reino superior de los fines.

El haber borrado esta línea divisoria, que separa dos mundos dentro de nosotros mismos, el haber convertido al segundo en una simple superestructura o aditamento del primero, es el origen del caos que reina en la tierra.

Y no es que desconozcamos el derecho sacrosanto que tiene el hombre al pan de cada día... todo lo contrario: lo reconocemos y precisamente por eso condenamos unas doctrinas que partiendo de ese derecho, han demostrado en la práctica que sus conquistas son señuelos y no metas; que después de predicar como único medio para llegar a la justicia social proclaman la revolución o los cambios, y proclaman, las necesidades de estas últimas como artículo de fe.

En la práctica han demostrado que no es la justicia lo que les interesa ni antes ni después de la revolución o los cambios; antes, lejos de pugnar por la justicia, lo que hacen es fomentar y exasperar la injusticia social para hacer posible el estallido de la revolución o de los cambios, y después solo hemos visto, hasta ahora la tiranía, de lo cual se desprende que sus verdaderos fines es, en su primera etapa, la revolución; y en segunda y principal el poder.

Es preciso reconocer el derecho al pan de cada día; pero hay que reconocer también otros derechos de orden superior; reconocemos la existencia y los derechos del hombre en su mundo físico, pero reconocemos también la existencia y los derechos del hombre espiritual y más aún después de su segundo nacimiento en nuestra orden.

Es necesario comer; pero también es necesario pensar.

El estómago crea su necesidad y su derecho; pero también el pensamiento crea su necesidad y su derecho.



Fragmento recopilado de la presentación hecha por el
V.·. H.·. Antonio Gerard y Zubía
Past Gran Maestro
En el Congreso Masónico 1999 de La Trinidad, Tlax. Méx.

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 Última actualización:  16 de Enero del año 2007 E:. V:.
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