|
|
"Por mucho que intento hablar del amor, al llegar a él, me avergüenzo de él."
Rumi
[Compendio de un discurso pronunciado por el Dr. Javad Nurbakhsh en la
Universidad de la Sorbona en 1963]
Introducción:
La esencia del sufismo es la Verdad. La definición del sufismo es el conocimiento certero y la realización de esa Verdad.
La práctica del sufismo es el propósito de caminar hacia la Verdad por medio del Amor divino y la devoción. Este es el Tariqat, o senda espiritual hacia Dios.
El Sufí es aquel que ama la Verdad, quien por medio del Amor y la devoción hace la peregrinación hacia esa Verdad o Perfección Absoluta, y por el Pudor que siente hacia ella se aleja de todo lo que no sea la Verdadera Realidad. Los sufíes dicen: "A quienes tienen apego a este mundo les está vedado el otro mundo; a los del otro mundo les está vedado este mundo. Ambos mundos le están vedados al sufí".
Esta misma idea es expresada por Shebli cuando dice: "Quien muere con amor a este mundo, es un hipócrita; quien muere con el anhelo del Paraíso es un asceta; pero quien muere enamorado de la Verdad, es un sufí".
El Sufismo
¿Cómo se puede realizar la Perfección? - Ascetismo y Abstinencia en El Sufismo
La Senda Espiritual (Tariqat)
La Manifestación de la Divinidad (Mazhariat)
Sama
Amistad divina (Welayat)
La Purificación y sus Etapas
de Ivan Noreiga
Esta misma idea es expresada por Shebli cuando dice: "Quien muere
con amor a este mundo, es un hipócrita; quien muere con el anhelo del
Paraíso es un asceta; pero quien muere enamorado de la Verdad, es un
sufí".
La verdad es que por ese amor a la verdad terminamos siendo
mediosufies!
http://www.nimatullahi.org/es/WIS/WIS1.html
La Verdad es que es una doctrina interesante y valdria la pena leer un
poco mas para comprenderlo:
"El Sufismo es menos una doctrina o un sistema de creencias que una
experiencia y una forma de vida. Es una tradición de iluminación que lleva
adelante la verdad esencial a través del tiempo. Tradición que, sin
embargo, debe ser concebida en un sentido vital y dinámico. Su expresión
no debe permanecer limitada a las formas religiosas y culturales del
pasado. La verdad del Sufismo requiere reformulación y expresión nueva en
cada época."
FUENTE: http://www.sufism.org/books/vivaex.html
"Vivimos en una cultura que ha sido descrita como materialista,
alienante, neuróticamente individualista, narcisista, y más aún, vivida con
ansiedad, vergüenza, y culpa. Desde el punto de vista Sufi, la humanidad
hoy en día está sufriendo la peor de las tiranías, la tiranía del ego.
Adoramos innumerables ídolos falsos, pero todos ellos son formas del
ego".
"Más importante que lo que creemos es la forma en que vivimos. Si
ciertas creencias conducen al exclusivismo, a la hipocresía, y al fanatismo,
el problema está en la vanidad del creyente y no en la creencia".
Existe otra pagina, pero mas ortodoxa a mi parecer y dice en uno de sus
apartes asi:
"El conocimiento humano tiene varias formas de expresarse. Hay un
conocimiento experimental, derivado de los sentidos; otro racional, derivado
de la reflexión abstracta; otro devocional, derivado de los actos de
‘ibadah; otro espiritual, derivado de la intuición y el desvelamiento de
las realidades superiores".
FUENTE: www.webislam.com/98/tx_98_19.HTM
Sabiduría Sufí...
Habitualmente, cuando me siento frente al público que se reúne para escuchar las cosas que intento mostrar, elijo algún cuento que ilustre esa situación.
Este, que recuerdo hoy, es un cuento sufí. Los sufíes se constituyeron en una corriente mística - que nosotros conocemos más como la filosofía de los Derviches -, que utilizaba la parábola y el cuento para transmitir sabiduría, como casi todos los pueblos místicos de la historia.
El protagonista de las historias sufíes es siempre el mismo, se llama Nasrudím y es un personaje muy particular. A veces es un viejo decrépito, a veces es un joven; otras, un sabio; otras, un torpe, un tonto. También aparece como un hombre adinerado, o como un mendigo. Y siempre se llama Nasrudím. Que esos personajes tan distintos tengan el mismo nombre quizá sirva para mostrar que nosotros somos, también, cada uno de esos personajes.
O, tal vez, que tenemos la capacidad de ser de diferentes maneras: a veces sabios, a veces tontos, a veces jóvenes, a veces decrépitos. Específicamente en esta historia, Nasrudím es un hombre que, por alguna razón que no se sabe, ha cosechado fama de ser lo que entre los sufíes se denomina "un iluminado", esto es, alguien que ha logrado un cierto conocimiento sobre cuestiones importantes y trascendentes para otros.
La fama que tiene Nasrudím es absolutamente falsa. Porque él sabe que, en realidad, no sabe nada; que todo lo que los demás suponen que él sabe es solo una creencia. Está convencido de que lo único que él ha hecho es viajar y escuchar: pero que, con certeza, no tiene grandes cosas para decir. Y sin embargo, cada vez que llega a una ciudad o a un pueblo, la gente se reúne para escuchar su palabra creyendo que tiene cosas importantes para decir.
El cuento empieza cuando Nasrudím llega a un pequeño pueblo en algún lugar de Medio Oriente. Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudím, que en verdad no sabía qué decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo. Entró muy seguro y se paró frente a la gente.
Abrió las manos y dijo:
- Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que yo tengo para decirles.
La gente dijo:
- No... -¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos. ¡Háblanos!
Nasrudím contestó:
Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que YO vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.
Dijo esto, se levantó y se fue.
La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudím se alejaba, dijo en voz alta:
- ¡Qué inteligente!
Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡Sí, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir:
- ¡Qué inteligente!
- ¡Qué inteligente!
Hasta que uno añadió:
- Sí, qué inteligente, pero... qué breve.
Y otro agregó:
Tiene la, brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.
Entonces fueron a ver a Nasrudím. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.
Nasrudím dijo:
- No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.
La gente dijo:
- ¡Qué humilde!
Y cuanto más Nasrudím insistía en que no tenía nada para decir, más la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudím accedió a dar una segunda conferencia.
Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia del día anterior. Nasrudím se paró frente al público e insistió en su técnica:
- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles.
La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia-, así que todos dijeron:
- Sí, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido.
Nasrudím bajó la cabeza y añadió:
- Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.
Se levantó y se volvió a ir.
La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:
- ¡Brillante!
Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir:
- ¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!
- ¡Qué maravilloso!
- ¡Qué espectacular!
- ¡Qué sensacional, qué bárbaro!
Hasta que alguien dijo:
- Sí, pero... mucha brevedad.
- Es cierto -se quejó otro.
- Capacidad de síntesis -justificó un tercero.
Y enseguida se oyó:
- Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!
Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudím para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia.
Nasrudím dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenía conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenía que regresar a su ciudad. La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, Finalmente, Nasrudím aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia. Por tercera vez se paró frente al público, que ya eran multitudes, y les dijo:
- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido yo a decirles.
Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:
- Algunos sí y otros no.
En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudím con la mirada.
Entonces, el maestro Respondió:
- En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben. Se levantó y se fue.
Del Libro de Jorge Bucay, "De la autoestima al egoísmo",
Sabiduría Sufí...(2)
El maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase,
pero los alumnos no siempre entendían su sentido.
-Maestro- lo encaró uno de ellos una tarde.-Tú nos cuentas los cuentos
pero no nos explicas su significado...
-Pido perdón por eso- se disculpó el maestro.- Permíteme que en señal de
reparación te convide con un rico durazno.
-Gracias maestro- le respondió halagado el discípulo.
-Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo.¿Me permites?
-Sí, muchas gracias- dijo el alumno.
-¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en
trozos para que te sea más cómodo?
-Me encantaría...Pero no quisiera abusar de su hospitalidad, maestro...
-No es un abuso si yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte... Permíteme
también que te lo mastique antes de dártelo...
-¡No maestro! ¡No me gustaría que hicieras eso! - se quejó sorprendido
el discípulo.
El maestro hizo una pausa y dijo:
-Si yo les explicara el sentido de cada cuento...sería como darles de
comer una fruta masticada.
DE LA SABIDURÍA SUFI
(Enviado por Silvina)
Recopilación: Hermano Pedro
Última
actualización: 16 de Enero del año 2007 E:. V:.
Copyright ©
Hermano Pedro 1999-2007