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Es un irrefutable que muchas culturas tienen la creencia de que sus héroes guerreros , a la hora de la muerte, sus almas ocupan un lugar privilegiado en los mundos superiores ( llamese Avalon, Walhalla, Cielo, Olimpo,etc. ) Esta idea forma parte de una estructura que es muy similar en las distintas culturas. Dicha estructura se ha impregnado en nuestra psique, tiene un modelo universal o estructura similar, pero cuya forma representativa varia de cultura en cultura, por ejemplo el samurai en Japón o el ksatriya en la India, pero sin lugar a duda el representante, en occidente, es el Caballero Templario; nobleza, coraje, honor, una causa elevada son las virtudes que se nos viene a la mente con solo mencionarlo y con el agregado de un final trágico e injusto se completa perfectamente este arquetipo de un héroe.
La historia de la Orden del Temple, tambien conocidos como los Pobres Caballeros de Cristo, es apasionante y llena de misterios. Se les conoce formalmente como aguerridos guerreros y monjes que fueron bastión cristiano y actores principales de su época. Es valido afirmar, que más que actores dirigieron la sociedad de su tiempo.
De origen francés muy modesto, fueron inicialmente nueve caballeros compañeros de armas de Godofredo de Bouillón y voluntariamente sometidos al mando de Hugo de Panyns, que luego sería su primer Gran Maestre, los que allá por 1.118 iniciaron la gran aventura templaria.
Godofredo de Saint-Omer, Godofredo de Roval, Archimbaldo de Saint Amand, Godofredo de Bisot, Andrés de Montbard, Fulco d'Angers, Payens de Montdidier, y Hugo de Champagne integraban el grupo. Los caminos que corrían desde Jaiffa hasta Jerusalén estaban protegidos por ellos y los peregrinos que viajaban a Tierra Santa sabían que gracias a su presencia su viaje sería menos peligroso. El grupo hizo voto ante el Patriarca de Jerusalén, Gormondo, de vivir perpetuamente en castidad y obediencia, sin propiedades y a la manera de los clérigos regulares, entregados al servicio de Cristo. Existieron dos categorías de templarios: los monjes y los laicos, o semilaicos, que vivían bajo una regla monacal o, por lo menos, militar. El cuerpo de monjes caballeros fue lo que constituyó y siguió constituyendo el núcleo de la Orden. Excavaciones en cementerios templarios nos revelan el hallazgo de cuerpos enterrados directamente en la tierra y boca abajo. Se trata de un ritual de enterramiento de los monjes cistercienses aún practicado en nuestros días. El cuerpo del monje se fija sobre una tabla con los hábitos clavados en ella, y es introducido en la fosa boca abajo. Lo que aquellas excavaciones descubrían eran los restos de los verdaderos templarios: los monjes. Todos ellos habían pasado por un noviciado explícitamente impuesto por la regla, y de una duración variable, según el criterio de los maestros.
A lo nueve años de su fundación, decidieron alcanzar el reconocimiento oficial de la Iglesia que ya les había concedido el oficioso. Solicitaron a Esteban de Chartres que les redactase una norma y Hugo de Payns la entregó personalmente al entonces Papa, Honorio II. Remitida la misma al concilio de Troyes el 14 de enero de 1.128 fue aprobada y la Orden del Temple tuvo, desde ese momento, carácter "oficial".
Desde esa fecha y hasta los tristes sucesos de principios del siglo XIV que la llevaron a la desaparición, el Temple luchó en Tierra Santa, en los lugares en que era requerido para defender el Cristianismo, acumuló poder y riqueza, poseyó grandes extensiones de tierra en toda Europa, laboró, organizó y administró la agricultura, la minería, el comercio y hasta la banca de su tiempo. Se le atribuye la creación de documentos equivalentes al cheque bancario moderno y la utilización de contraseñas o password's para la identificación de los cuenta-habientes. Extendió un estilo arquitectónico que siendo ajeno se llegó a identificar con ella. A los caballeros del Temple destinados a la milicia, se les exigía que fueran nobles, nacidos en cuna de buena familia y no bastardos. Éstos servían a la Orden del Temple como una especie de hermanos legos, sea por un tiempo determinado, sea de por vida. No pronunciaban los votos, sino guardaban promesas de obediencia, de no poseer nada en propiedad, de respetar los buenos usos y costumbres de la casa, guardar la Tierra Santa y, "no estar jamás en un lugar en el que un cristiano se viera oprimido por sinrazón o desatino, por su fuerza ni por su consejo". Caballeros monjes y caballeros laicos prestaban su servicio bajo un mismo hábito sin que nada pudiera distinguirlos; combatían juntos, comían juntos (una sola escudilla para cada dos), mismas armas, etc. Acumuló tal poder que el mismo fue su motivo de la envidia y la ambición que causaron su perdición.
No puede dudarse que la orden del Temple se enriqueció en poco tiempo gracias, fundamentalmente, a la protección que le concedían papas y soberanos y a las cuantiosas donaciones que los poderosos de su tiempo le concedían. Una costumbre muy tradicional en estos siglos contribuyó también a este enriquecimiento, se trataba de la figura de "donarse en vida". Por ella, el donado recibía múltiples privilegios en vida, entre los que eran de destacar la exención de muchos impuestos y la protección de la propia Orden. A su muerte, era el Temple quien se beneficiaba de la herencia del "donado". Todo monje guerrero sabia que en caso de ser capturado en batalla, la orden no pagaría ningún rescate, se dice que su coraje y valor equivalía al de diez hombres.
Las actividades mercantiles a la que se dedicaron los caballeros templarios y su excelente sistema de administración les garantizó espléndidas y prósperas posesiones. Las encomiendas, núcleo central de su organización territorial, eran unidades autosuficientes y siempre generaban excedentes que se destinaban a la casa provincial de donde pasaban a la central que los reexpedía a Tierra Santa para sufragar gastos militares y de mantenimiento de sus fortalezas y tropa.
Fueron además los freires banqueros eficientes y respetados. Muchos comerciantes y poderosos les encomendaban sus caudales que se encontraban garantizados por la propia solvencia de la orden. El Tesorero del Temple se convirtió en el asesor económico del rey francés. También se afirma que fueron los templarios la primera multinacional conocida. Eficaces en su administración, no lo eran menos en sus sistemas industriales, agrarios y comerciales. No dudaban en emplear técnicas avanzadas en sus explotaciones, en comerciar con Oriente aprovechando su privilegiada posición otorgada por su actividad como cruzados y así llegaron a construir una flota propia de navíos que servían para transportar bienes y tropas de un punto a otro del mundo entonces conocido.
Además de los caballeros, la Orden poseía un cuerpo de mandos ("sargentos") constituido por no nobles que servían en el Temple. Sin embargo, no se excluye que un sargento pudiera llegar a novicio y después a caballero monje. Combatían a caballo al igual que los caballeros. La mayor parte de los administradores de la orden eran sargentos con el título de comendador.
La regla del Temple ordenaba dos tipos de hábito según la categoría: capa blanca para los caballeros y capa parda para los sargentos.
¿Cómo era la "Cruz Templaria"? Parece ser que no existía una cruz, sino diversas cruces.
La Cruz Templaria que se encuentra en los escudos de armas de los grandes maestres y en los sellos, es un signo derivado de la cruz celta, geométricamente compuesta por líneas curvas aunque a veces trazada con ángulos vivos.
Originalmente la cruz se llevaba en el hombro derecho, en los últimos tiempos de la Orden, y según los reglamentos de la época, la cruz la llevaban en el pecho y en la espalda los caballeros, los sargentos y los capellanes. No implica que no se llevase la cruz en el hombro derecho en la capa.
El Temple se dividía en dos clases:
| Clase I | Clase II |
| Capellanes Caballeros monjes Caballeros seculares Sargentos de armas Hermanos de oficio |
Sargentos de servicio doméstico Siervos de explotación de las tierras |
Se desplazaban al igual que los militares de una encomienda a otra según las necesidades del servicio. Y también al igual que los militares, podían ser enviados a Tierra Santa y obedecían a una disciplina general.
Los siervos y las explotaciones de cada territorio constituían la "mesnía", trabajadores, capataces y siervos, con una organización variable según las regiones y sus costumbres.
En sus orígenes, la Orden había sido dividida en dos partes que se imbricaban constantemente aunque permanecían distintas: oriente y occidente.
En oriente, el temple era un ejército en campaña. En occidente constituía un factor de civilización y pacificación, la dualidad.
La unidad dentro de la Orden jamás se quebró, cosa debida al los núcleo de monjes iniciados del cual formaban parte el Gran Maestre, los Visitadores y los Maestres Regionales que ordenaban la política general y velaban por el mantenimiento de la regla y la disciplina.
El fabuloso tesoro que de sus actividades cabe pensar que acumularon ha sido uno de los misterios que mas han inventado a su alrededor. Pese a ser detentadores de inmensas fortunas, su voto de pobreza se mantuvo en todo momento y eran pocos los lujos que mostraban en sus encomiendas y ninguno en sus propias personas. Sólo los enormes gastos que el mantenimiento de Tierra Santa supuso explica un tanto el que jamás haya aparecido tal tesoro. A ello había de unirse que siempre contribuyeron con grandes sumas al mantenimiento de obras sociales o proyectos expansionistas que permitieran mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos.
Habitaban en encomiendas que solían constar de capilla, sala capitular, alojamientos generalmente similares a cuarteles, bodegas, sótanos, caballerizas y almacenes, amén de otras dependencias de diverso tipo en función de la actividad que explotara el propia encomienda. Al frente de ellos se encontraba un comendador que asignaba los cargos y oficios necesarios.
Su regla de vida estaba regida por una similar a la cisterciense. Se explicaba en un documento de sesenta y ocho artículos y aunque en un principio estaban sometidos a la autoridad del patriarca de Jerusalén, esto pronto cambió. El sucesor al frente de la orden de Hugo de Payens fue Roberto de Craon que consiguió del Papa reinante en 1.139 una bula que concedía a los templarios una autonomía casi absoluta por la que podían nombrar sus propios capellanes, fundar capillas y cementerios, estar muy favorablemente tratados fiscalmente siendo considerados exentos de casi todo tipo de tributo tanto civil como eclesiástico. Su independencia de las sedes episcopales que gobernaban los territorios en que se asentaban sus encomiendas era total.
Lo mas importante consistió en el hondo aprecio que la imagen templaria alcanzó en toda la cristiandad. El bizarro aspecto que les prestaba su indumentaria guerrera se unía a su austeridad de vida, siempre ejemplar y rodeada de buenas obras y un continuo laborar. La cruz roja que se colocaba en su capa, sobre el hombro derecho, concesión del Papa Eugenio III en 1.147, fue la imagen mas respetada de su época.
Disponían su jerarquía en forma marcadamente militar. Al frente estaba el Gran Maestre, que aunque dotado de poder absoluto, debía consultar a un Capítulo antes de tomar decisiones trascendentales. El Maestre contaba como asistencia con un Estado Mayor en el que integraba su lugarteniente o senescal, un jefe militar o mariscal y varios comendadores adscritos a los términos de Jerusalén, Trípoli y Antioquía. El primero era el ministro de finanzas y tesorero. Otros cargos eran el jefe de intendencia o pañero, un jefe de tropas auxiliares conocido como el turcoplier un submariscal y un alférez, todos ellos, dependiendo de su escalafón, con derecho a un determinado número de caballerías y séquito de escuderos y criados. De esta forma, el séquito del Gran Maestre se componía de un clérigo, un sargento, un escudero y un escriba, utilizando para su servicio hasta cuatro caballos. Sólo cuando entraba en batalla tenía derecho a la protección de diez combatientes de élite.
La tropa también tenía su jerarquía: caballeros, sargentos y escuderos. Los sacerdotes eran grupo aparte pero hacían la misma vida que los caballeros. Los mas bajos escalones los constituían los hermanos de oficios, artesanos y criados que eran contratados libremente.
Su vida se regía por su regla, muy detallada y estricta, que aunque considerada secreta, ha llegado hasta nuestros días gracias a diversos documentos que la describen. Al entrar en la orden eran advertidos de la dureza de la vida que voluntariamente aceptaban. Un documento de la época da clara idea de ello:
"Raramente haréis lo que deseéis: si queréis estar en la tierra de allende los mares se os enviará a la de aquende; o, si queréis estar en Acre se os mandará a la tierra de Trípoli o de Antioquía o de Armenia, o se os enviará a Pouille o a Sicilia o a Lombardía, o a Francia, o a Borgoña o a Inglaterra o a muchas tierras donde tenemos casas o posesiones. Y si queréis dormir se os hará velar, y si alguna vez deseáis velar, se os mandará a reposar a vuestro lecho ...."
Un templario no era poseedor de nada. No podía hacer ni aceptar regalos. La orden le daba un ajuar completo que debería cuidar con sumo esmero. Eran dos camisas, dos pares de calzas, dos calzones, un sayón, una pelliza (prenda de abrigo hecha, forrada o adornada de pieles finas) forrada de cordero u oveja, una capa, un manto de invierno y otro de verano, una túnica, un cinturón, un bonete de algodón y otro de fieltro, una servilleta para la mesa, dos copas, una cuchara, un cuchillo de mesa, una navaja, un caldero, un cuenco para cebada, tres pares de alforjas, una toalla, un jergón una manta ligera y otra gruesa, ambas rayadas en blanco y negro a imagen de la bandera de la orden.
Si este era el equipo "civil", no menos austero y controlado era el militar. Loriga, calzas de hierro, casco con protectores nasales, yelmo, espada, puñal, lanza con gallardete blanco, escudo triangular largo, cota de armas blanca y gualdrapa para el caballo. Cuando se encontraban en campaña se añadían a este equipo algunos aditamentos mas: un caldero, un hacha para cortar leña, un rallador y un juego de escudillas y frascos. Todo adorno o instrumento innecesario era estrictamente prohibido y el espíritu austero del Císter estaba presente en todo momento.
La vida cotidiana de un templario era muy similar a la de un monje cisterciense. Se les prohibía la conversación baladí o las risas. Dormían de tres a cuatro horas sin despojarse de camisa, calzones, calzas y cinturón. Se despertaban en maitines, a las cuatro de la madrugada en invierno o a las dos en verano. Iban a la capilla calzados y abrigados por su manto y allí rezaban trece padres nuestros. A continuación bajaban a las cuadras a inspeccionar a sus caballos y darles un primer pienso tras lo que regresaban a sus dormitorios y tras rezar un padre nuestro mas, dormían de nuevo. A la hora prima se levantaban y nuevamente en la capilla oían misa, recitaban treinta padres nuestros por los vivos y otros tantos por los muertos y comenzaban su jornada de trabajo. Cada hora detenían su quehacer y rezaban nuevas tandas de padres nuestros.
Comían carne tres veces por semana, excepto los enfermos que, menos los viernes, lo hacían a diario. En el refectorio, el capellán bendecía la mesa y dirigía el rezo. Comían en silencio. Acabado el ágape, retornaban a la capilla de dos en dos para dar gracias.
Venían obligados los templarios a comulgar y dar limosna tres veces por semana a la vez que respetaban escrupulosamente tres cuaresmas anuales. Cuando estaban en combate tenían prohibido rechazar la lucha aun en situaciones numéricamente muy desfavorables. Si caían prisioneros no tenían derecho a rescate. Cuando morían se les sepultaba sin ataúd, bocabajo, en fosas anónimas.
En la Península Ibérica fueron los reinos de Aragón y Portugal los primeros en los que existe constancia de establecimientos templarios. En 1.130 Raimundo Rogelio de Barcelona donó a la orden la plaza de Granera. En 1.132 el conde de Urgel les cedió el castillo de Barberá. En Aragón llegaron a poseer los templarios treinta y seis castillos.
En 1.134 el rey Alfonso el Batallador legó al morir a las órdenes de Tierra Santa sus reinos de Aragón y Navarra. Aunque tan disparatado testamento no se cumplió, dio pie a los templarios para negociar con el heredero, Ramón Berenguer IV, el valor de sus derechos obteniendo así las villas o castillos de Monzón, Belchite, Remolino, Corbins y Chalamera.
A partir de este momento los actos militares de la orden aumentan, sobre todo durante el reinado de Alfonso II el Casto. Influyó grandemente en el acontecer político de la época y Pedro II los nombró mediadores en sus conflictos con doña Sancha, su madre.
El estandarte de la Orden, llamado Bausán, mitad blanco y mitad negro. En la batalla, el estandarte era como el pabellón almirante. En el campamento, el pabellón se desplegaba sobre la tienda del maestre. Es posible que el campo partido del estandarte, en blanco y negro (sable y plata), tuviera una significación esotérica.
El Bausán ante todo era una bandera de combate que ubicaba al capitán.
No se sabe muy bien cómo estaba compuesto el Capítulo. Parece ser que estaba formado por los altos dignatarios y algunos capellanes que eran llamados a Palestina para la ocasión. El Capítulo elegía el Gran Maestre. La célula básica de toda la organización templaria en occidente fue la encomienda, administrada por un comendador.
Las encomiendas fueron granjas con cierto aire militar y un tipo de construcción propia del Temple.
Con frecuencia, fuera de los muros existía un hospital y una leprosería.
La reunión de diversas encomiendas formaba una bailía. En las bailÍas era donde se reunían los capítulos regionales y donde eran recibidos los nuevos miembros. Por su parte, las bailías se articulaban bajo la dirección de casas provinciales. Y la unión de diversas casas provinciales formaba una provincia. Existieron nueve provincias: tres simples y seis dobles: Portugal, Aragón, Mallorca y Castilla-León; Francia y Aubernia; Inglaterra e Irlanda; Alemania y Hungía; ambas Italias, alta y baja; Pouille y Sicilia.
Las provincias simples se encontraban en contacto con los musulmanes. No sólo las bailías, también cada encomienda tenía su casa hermana. Se trata de la aplicación de una filosofía dualista de la existencia y la acción; cada par de caballeros, encomiendas y bailías representarían los dos aspectos de una misma cosa.
¿Pero esta dualidad no es la misma de la construcción gótica, cuyo arco sólo se mantiene por la fuerza de dos arbotantes opuestos y enfrentados?
En Castilla y León los templarios mostraron su predilección por las tierras al norte del Tajo, zona de grandes posibilidades mercantiles y alejados de las fronteras musulmanas.
La conquista en 1.291 de San Juan de Acre, último bastión cristiano en Tierra Santa, por parte de los musulmanes significó el inicio del ocaso de las órdenes militares y más aún para el Temple. Reinaba en Francia Felipe IV el Hermoso, conocido por la historia como "el rey de hierro". Mal administrador y muy dilapidador, vio en los inmensos tesoros templarios una fuente que le sostuviera en el trono y, a la vez, anulado el poder temporal de la orden, pensaba ver reforzado su propio poder real. Era la tarea difícil pero no imposible y el camino lógico era intervenir a través del Papa, sometido prácticamente a la corono francesa y único superior de los caballeros del Temple.
Una cadena sin fin de acusaciones y montajes fraudulentos se abatió sobre el Temple y las presiones sobre los papas y reyes por parte de la corte francesa fueron atosigantes. Hasta que el 13 de septiembre de 1.307 se cumplió la orden real de arrestar y poner a disposición de la Inquisición a los templarios franceses.
Se les acusó de renegar de Cristo, de todo tipo de obscenidades, de sodomía, de idolatría, y así se confabuló un proceso que concluyó con la condena en el atrio de la catedral de París del Gran Maestre Jacques de Molay y sus caballeros. Estos hechos ocurrían el 18 de marzo de 1.314.
Aquella misma tarde, el Gran Maestre y otros treinta y seis caballeros de la orden fueron ajusticiados en la hoguera. Clemente V, el Papa que no supo oponerse a los deseos reales franceses, murió un mes después que Molay. Ocho meses después moría Felipe IV a consecuencia de una caída de caballo. El canciller francés, Nogaret, que instruyó y auspició el proceso, tuvo similar fin. Esquieu de Froyran que inició en la corte aragonesa la cadena de mentiras que sirvió de base al proceso, cayó apuñalado. Todos los actores del drama templario cayeron pronto y de forma poco habitual cerrando así el telón de la Gran Orden de los Caballeros de Cristo.
La huella de su recorrido la dejaron sobre todo en la piedra, se cuenta con muy pocos escritos en los que la orden quisiese hablar sobre sus conocimientos simbólicos; por el contrario la regla y sus normas, así como los escritos interdisciplinarios son manuscritos. Sus edificios octogonales, los lignum crucis, laberintos, jeroglíficos, cruces, la tau templaria, vírgenes negras, las cabezas relicario, los bafomet (que en hebreo significa sabiduría) Figuras parecidas a los terafim del Arca de la Alianza, misteriosas cabezas barbudas, figuras andróginas rodeadas de signos estelares con inscripciones gnósticas y arabescas, es casi la imagen pantacular de los templarios. Aunque según los testimonios eran lo mismo, circularon en forma de cabezas y estatuas bafométicas. La palabra que los designa Baphomet es una deformación de Mahomet (Mahoma), que en portugués se pronuncia Mafuma. Entonces se utilizaba indistintamente Mahomeria, Mafumeria, Bafumeria. Se le podría considerar como un objeto simbólico de contemplación, cuya presencia habría presidido determinados actos e inspirado su concentración mental o su disposicion espiritual en los momentos en que presumiblemente se entregaban a la meditación colectiva. O como diría Fulcanelli " es la imagen sintética en la que los iniciados del Temple habían agrupado todos los elementos de la alta ciencia y la tradición"; la geometría sagrada o los lugares mágicos vinculados a la orden todavía nos enseñan un mundo hermético aún por descifrar y comprender; nadie vaya a pensar que los enclaves templarios eran escogidos al azar, ni mucho menos. Se estudiaban las fuerzas telúricas de la zona, su posición cosmológica, su trascendencia religiosa si la hubiere, las líneas geodésicas de unión con otras encomiendas templarias o enclaves de su influencia, etc. Es bien conocido que donde se halla una ermita románica suele haber existido algún punto de reunión, ritos y creencias ancestrales y paganas. Ahora, que, incluso los hierofantes de esos ancestros ya sabían donde se encontraba el punto exacto entre el telar de líneas de corriente telúrica, ahora llamadas Hartmann, cual expertos geomantes. Esos puntos emanan fuerzas benéficas manifiestamente perceptibles que vinculan los antiguos lugares sagrados a través de una red de grandes líneas geométricas.
Edificios octogonales. Los templarios otorgaban especial importancia a la "cruz de las ocho beatitudes" cuyas ocho puntas, incluidas en un polígono, producían un octogono, que serviría como símbolo base para el trazado de sus capillas místicas. Estas a imagen y semejanza de la Cúpula de la Roca del Templo de Salomón, representan la unión del cielo con la tierra, en el punto donde los hombres encuentran ese estado de divinidad con el que traspasar la puerta dimensional que lo separa del otro universo. El Templum Domini era considerado como el centro del mundo, como el Templo del Grial. La densidad y distribución de los santuarios poligonales no es el resultado de un capricho, y las formas responden a un ritual preciso, hoy desaparecido. De estructura octogonal encontramos los templetes de caracter astronómico y estelar, aunando las fuerzas cósmicas con las telúricas, significando la unidad indivisible.
La cruz Tau (o también llamada commissa, de San Antonio o Santa Tecla) en forma de "T" es la cruz de los elegidos del Señor en el Día del Juicio según el apocalipsis bíblico. Es también la cruz utilizada por los templarios para señalar determinados enclaves o posesiones de especial valor mágico o esotérico.
La cruz Patriarcal, o de doble tramo, insignia distintiva del Gran Maestre y altos dignatarios de la orden, marca también determinados edificios del Temple con un valor misterico-iniciático.Sin olvidar que dicha forma se adoptó para los relicarios de los Lignum Crucis.
La cruz de las Ocho Beatitudes, variante de la cruz paté, conocida también como cruz de Malta por el uso que continuaron haciendo de ella los Caballeros de Malta tras la desaparición del Temple. Esta cruz, que en su centro encierra otra pequeña cruz paté con tres brazos rojos y el cuarto dorado, era utilizada por los caballeros templarios como clave criptográfica para descifrar el alfabeto secreto de la Orden, usado para cifrar cartas, letras de cambio y todo tipo de documentos, mediante unos signos geométricos contenidos en la cruz.
La cruz Griega, que frecuentemente suele estar relacionada con símbolos de viejos cultos igneos, como el creciente lunar, estrellas y soles.
La cruz Paté, con un predomínio más universal, se encuentra en numerosísimos emblemas templarios. Esta cruz tiene su característica en que sus extremos se ensanchan un poco
En todo caso, hay evidencias de que no por ello desapareció la mística templaria, lo que explicaría por ejemplo, que al rodar en el cadalso la cabeza de Luis XVI, una voz anónima gritase entre la multitud revolucionaria: "¡Has sido vengado, Jacques de Molay!".
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actualización: 16 de Enero del año 2007 E:. V:.
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