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El sudario de Turín
Existió la profecía llamada
Bereshit Rabbati que citaba que en el año 1210 d.C. nacería en el Gran Mar de
Roma el Mesías que regresaría a Israel.
Según la cronología del medioevo (tomando en cuenta los desfasamientos de los
calendarios) en 1244 nació un infante en el seno de una familia al este de
Francia, al que se llamó Jaques de Molay. A la edad de 21 años (mínima para el
ingreso a los templarios) se hizo caballero, donde logró fama de disciplinado y
organizado. Llegó a ser Maestro del Templo de Inglaterra y después Gran
Mariscal, ocupando el más alto puesto de liderazgo militar de la orden templaria.
En 1292 a la muerte del Gran Maestre Tibald Gaudin, fue elegido para dirigir los
destinos de la Orden.
En este tiempo los templarios habían perdido en control de Tierra Santa, pero su
poder era muy grande, contaban con un gran numero de propiedades en toda Europa,
un buen ejercito y una buena flota, y un sindicato comercial y bancario.
Al acceder a la dirigencia templaria, Molay impuso un retorno al apego estricto
de todos los reglamentos y una disciplina absoluta en toda la orden.
El entonces rey de Francia, conocido como Felipe el Hermoso, quien en sus
intentos de manipular al papado romano, para imponer impuestos a la iglesia
francesa y reforzar sus debilitadas arcas reales, enfrentó primero a Bonifacio
VIII, quien no accedió a sus peticiones, llegando a amenazarle con la
"interdicción" a su reino, Felipe entonces decidió hacer llegar a Bonifacio VIII
una propuesta que no pudiera rechazar; El 8 de septiembre de 1303, apoyado por
su incondicional Guillermo de Nogaret y su equipo, secuestraron y maltrataron al
envejecido Papa, no lograron consumar el secuestro pues sería fatal de
consumarlo, a las cinco semanas de ese hecho fallecía Bonifacio VIII quien no
pudiera reponerse de la propuesta de Felipe el Hermoso.
El nuevo vicario, Benedicto XI, inicio relaciones con Felipe en términos
amigables que se fueron agriando al subirse las exigencias de Felipe, por lo
cual Benedicto lo amenazo con acusarle de muerte de Bonifacio. Muy pronto
moriría envenado Benedicto por Felipe el Hermoso. Dándose como resultado que
Bernard de Goth, arzobispo de Burdeos ocupara el puesto nuevo vicario de Cristo.
Bernard de Goth, asumió el nombre de Clemente V, sobre quien Felipe pudo ejercer
dominio pues su deseo de ser el representante divino era mayor que su antipatía
por Felipe.
Juntas la tiara y la corona dieron paso al gran robo de la manera más malévola
ya astuta, que permitiría hacerse de los bienes de la orden templaria y evitar
el pago de deudas contraídas con anterioridad con los templarios. Felipe el
Hermoso que se auto nombraba el "Rey Sol" tenía deudas que obtuvo para financiar
y someter las revueltas civiles de su reinado y para dar la dote en el
matrimonio de su hija; La Santa Sede, había contraído deudas para financiar los
ejércitos que se usaron en las cruzadas destinadas a recuperar tierra santa.
Cabe mencionar que Guillermo de Nogaret, hombre de confianza del rey, era un
hombre hábil y astuto que apoyaba a Felipe en todas sus acciones, como la
desarrollada en la mañana del 22 de julio de 1306, cuando arrestaron en una sola
maniobra a todos los judíos residentes en el país galo, con la obvia
transferencia de sus bienes a la corona.
Desde los inicios de la orden se creía participaban de ritos secretos, pero su
privilegiada posición los mantuvo inmunes a tales imputaciones, pero esta misma
razón hizo que la red de intrigas diseminadas falsos que narraron historias de
hechos horribles que "obligaron por Felipe el hermoso y Guillermo de Nogaret,
quienes arreglaron la fabricación de "nueva información", comprando testigos" al
rey a tomar cartas en el asunto. Proponiendo al Papa Clemente fusionara la orden
templaría con la orden del Hospital de Jerusalén, sabedor de su rivalidad,
alegando apoyar a los reyes de Armenia y Chipre.
Guillermo de Villeret, el Gran Maestre de la Orden del Hospital de Jerusalen no
pudo asistir a la reunión por estar dirigiendo el combate contra los sarracenos.
De Molay se hallaba en Limassol, Chipre cuando recibió la orden papal de ir a
Francia, sospechando se tratara de la fusión con los hospitalarios, de Molay
redactó un documento que exponía la conveniencia de la continuación
independiente de la orden, titulado como "De Unione Templi et Hospitalis Ordinum
ad Clemente Papam Jacobi de Molayo Relentio".
A su llegada a Francia le recibieron con honores pero le asaltaron temores al
oír rumores sobre delitos efectuados por los templarios. El plan para capturar a
los 15,000 templarios de toda francia fue desarrollado por Nogaret, basándose en
el arresto de los judíos un año antes, fijándose la fecha para el arresto el día
viernes 13 de Octubre. Los cargos principales se basaron en el testimonio de un
ex templario, Squin de Flaxian, quien fue expulsado de la orden bajo cargos de
herejía y otras ofensas, Junto con un florentino de nombre Noffo Dei presentaron
cargos contra los templarios, que entre otros eran:
Juramento de no abandonar nunca la orden y lograr beneficios por cualquier
medio, debido o indebido.
Pisoteaban y escupían la cruz al iniciarse, además de ser aliados de los
sarracenos.
Los lideres eran herejes, cueles y sacrílegos, enseñaban a las mujeres a
procurarse abortos y asesinar a los recién nacidos.
Despreciaban al Papa, la autoridad de la iglesia y maldecían los sacramentos de
penitencia y confesión.
Adicción a los excesos mas infames de desmesura.
Las casas de los templarios eran casa de crimen.
La instalación del Gran Maestro es hecha en secreto, repudiando la fe cristiana
y excluyendo a los jóvenes, contrariamente a lo debido.
Los estatutos de la orden eran profanos, ilegales y contrarios al cristianismo y
secretos.
Ningún vicio o crimen cometido en nombre de la orden se consideraba pecado.
El arresto se consumó en la fecha dada, encargándose la Inquisición de extraer
confesiones sin escatimar en sus métodos para lograrlo, de los quince mil
templarios capturados incluido Jacques de Molay, treinta y seis murieron en la
zona de París en los primeros interrogatorios. Con los calabozos llenos por la
gran afluencia de prisioneros la Inquisición hizo arreglos para implementar
nuevos instrumentos y métodos de tortura, un buen ejemplo fue el horno para los
pies, consistía de una placa a la cual se ataba al sujeto, un poco de aceite
para los pies y un bracero, este practico aparato llegaba a convencer fácilmente
a cualquiera de confesar la verdad que desea obtener la Inquisición. Pero muy a
su pesar las confesiones se producían lentamente, pero basto con lo obtenido
para informar al público de la negación de Dios, a Cristo y al Virgen María, así
como del "beso infame" de la iniciación, que consistía en besar al iniciado en
la boca, el ombligo, el pene y el trasero, como puede verse en la actualidad es
fácil descartar estos cargos por su visible invención producto de la imaginación
de sus acusadores.
Algunos países tardaron mas en hacer efectiva la orden de arrestar a los
templarios, entre ellos estaban Portugal, Irlanda, Inglaterra y Escocia. Cuando
por fin el Rey Eduardo de Inglaterra decidió poner en practica la orden de
captura, el numero de prisioneros no fue pleno y los resultados obtenidos por
los Inquisidores ingleses fue escaso, prestándose solícitamente los Inquisidores
franceses a auxiliarlos para lograr las confesiones deseadas, pues mediaba una
orden real de no derramar una gota de sangre en los interrogatorios.
Para los inquisidores franceses el obstáculo de derramar una sola gota de sangre
no fue tal, en pocos días idearon métodos de tortura sin derramar sangre, por
ejemplo una especie de prensa hecha con tres postes que con una cuerda como
torniquete, permitía fracturar un brazo en tres posiciones, sin derramar una
sola gota de sangre, ó el método de la vela que acercada a la zona toráxica
debajo de las axilas levantaba una ampolla, que después de ser pinchada y
expulsada el agua, se volvía a formar con una nueva quemadura hasta lograr la
confesión requerida.
La crucifixión.
No existe duda sobre el tormento a Jacques de Molay, puesto que solo bajo
tortura un guerrero poderoso podía quebrantarse y confesar crímenes que no
cometió, el relato el tormento a que fue sujeto Jacques de Molay perdura en una
construcción escocesa templaria. Reconstruyendo los hechos de entre el 13 y 14
de octubre de 1307 serían así:
El Gran Inquisidor francés, Guillermo Imbert, tomo especial interés, según él,
en la confesión del hereje más grande de todos. Es fácil deducir la posición de
un sacerdote inquiriendo a otro, máxime si este era inculpado de atrocidades y
herejías. El gran inquisidor se horroriza al descubrir por otras confesiones que
se han practicado donde resucita a los muertos, en su visita al templo de París
descubre una caja conteniendo un sudario.
Las escenas se desencadenan en su mente y ya tiene un plan de tortura para de
Molay, despojado el prisionero de sus hábitos cubierto solo por la capa de un
hereje, con un nudo corredizo en la garganta, le propone ahorrarse el castigo y
confesar sus crímenes, de Molay se niega, y se da principio a la cita de los
evangelios, mientras De Molay es sujetado por los brazos en lo alto de un muro y
la capa echada sobre su cabeza, Dos asistentes le azotan la espalda con látigos
para caballos con canicas de metal dobles en las puntas. Laceraron su espalda y
sus piernas pero no los antebrazos. Acto seguido le ponen con firmeza una corona
de espinas que desgarra su frente y cuero cabelludo.
El Gran Maestre es atado a una burda cruz, le clavan las muñecas y los pies con
clavos de contorno cuadrado, su muñeca derecha se disloca causando que su pulgar
gire violentamente encajándose en su propia palma de la mano. Los pies fueron
clavados colocando el clavo primero sobre el pie izquierdo que colocado sobre el
pie derecho es finalmente clavado en la cruz.
Su cuerpo pende de tres puntos de dolor ardiente, la perdida de sangre es
mínima, él permanece totalmente consciente. El peso de su cuerpo trabaja en su
contra, el dolor es indescriptible, se produce la presión traumática en brazos,
hombros y pecho, la caja toráxica es empujada hacia arriba impidiendo la
exhalación del aire, sin mas alternativa el Gran Maestre se empuja sobre los
pies elevando el cuerpo para permitir que sus pulmones exhalen y obtener otra
bocanada de aire, esto ocurre varias veces mientras el pánico de no respirar se
intercambia con el dolor de la carne atravesada, su consecuencia es el efecto
conocido como anoxia (falta de oxigeno) lo cual induce terribles calambres y un
incremento acelerado del ritmo metabólico.
Las horas pasan, sin embargo Imbert sigue fiel al patrón bíblico, ahora clava
una daga en el costado de Molay, pero no tan profundo como para matarle,
reproduciendo la misma agonía de Jesús, finalmente de Molay confiesa, el
tormento ha producido un trauma masivo que degenera en la producción de grandes
cantidades de ácido láctico en el torrente sanguíneo (acidosis metabólica), la
presión sanguínea desciende y De Molay es bajado de la cruz unos pocos minutos
antes de llegar a la muerte.
El gozo de Imbert al obtener la confesión de Jacques de Molay toma un giro
adicional, manda colocar el cuerpo de Molay en la mortaja que usara el
prisionero para burlarse del Mesías. Mientras su cuerpo es colocado boca arriba
sobre el sudario con el sobrante del lienzo le cubren el frente de su cuerpo,
mientras Imbert recita un pasaje de la Pasión.
"Y cuando José se llevó el cuerpo, lo envolvió en un sudario de lino limpio."
Dando palmadas sobre la mortaja del Gran Maestro, Imbert le sugiere al apenas
consciente que intente levantarse, si es que se siente tan poderoso como el
verdadero Cristo.
La Inquisición.
La inquisición tenía ordenes de no matar al Gran Maestro, pero también no
albergaba la intención de cuidarlo para recuperar la salud. De Molay no tenia
familiares que le cuidaran y alimentasen, pero gracias a los familiares de
Geoffrey de Charney, el preceptor de Normandía también preso, le atendieron y
les ayudaron a recuperarse. Ambos se retractaron en público de sus confesiones
siete años después antes de ser incinerados vivos por haber caído en herejía.
El sudario fue quitado del cuerpo del Gran Maestre por los familiares en la
misma celda de Jacques de Molay, después de haber estado cubierto con el y
habiendo dejado que las huellas del ácido láctico impregnaran la tela
reproduciendo la imagen torturada del Gran Maestro, los cuidados y constancia de
los familiares de Charney lograron después de varios meses un cierto grado de
restablecimiento de sus salud.
La imagen impresa en el sudario es asombrosamente clara, denota los rasgos de un
hombre de un metro ochenta centímetros de altura de cabello hasta los hombros,
de nariz prominente, peinado de raya al centro y barba bifurcada en su base,
imagen que compagina perfectamente con la descripción conocida del Gran Maestre.
Las pruebas del Carbono 14 denotan una antigüedad no mayor de 1260 años d.C.
siendo imposible con esto relacionarlo con Jesús, pero no así con Jacques de
Molay si tomamos en cuenta los años de uso que haya tenido antes de usarlo como
mortaja.
En el siglo I, los evangelios relatan que el manto que envolvió a Jesús se
encontraba plegado. El manto habría sido recogido y custodiado por los
cristianos. Para los hebreos, el manto que había rodeado un cadáver era un
objeto impuro que no podía ser expuesto
Por lo tanto la imagen que ha sido objeto de veneración y amor para los
cristianos como el rostro de Dios, es la cara de un hombre torturado y asesinado
pero no los romanos, sino por la ambición de la Iglesia católica en concubinato
con un rey francés. Los resultados del carbono catorce se dieron a conocer un 13
de octubre, mismo día de la aprensión y crucifixión de Jacques de Molay y de los
templarios. El Vaticano siempre ha negado que la reliquia sea sagrada,
reconociendo con esto el conocimiento de su origen.
La superstición.
Hay muchos fenómenos atribuidos al ocultismo que no son, en realidad, sino
supersticiones. La superstición es una creencia o práctica no basada en los
hechos sino en el temor o ignorancia de lo desconocido. La superstición no es
algo que se limitó a los tiempos pasados, sino que sigue siendo algo de
actualidad.
Se cree que el número 13 trae mala suerte. Esta es una antigua superstición en
la que hoy todavía creen muchos. Muchos constructores saltan del piso 12 al 14
cuando hacen edificios, por temor a que el piso 13 les traiga mala suerte.
Algunos creen que es de mala suerte que 13 personas coman juntas, ya que
supuestamente una de ellas morirá en el término de un año. El día viernes 13
supuestamente trae mala suerte, y muchas personas se muestran cautelosas en
cuanto a las actividades que planifican para ese día. Nadie sabe cómo se inició
esta superstición, tal como lo comenta Daniel Cohen: No se sabe de donde viene
la mala fama del número 13. "El infausto 13" puede haber comenzado con los
Vikingos u otros pueblos normandos. Estos contaban una historia acerca de un
gran banquete en el que participaban 12 comensales, todos ellos dioses. El dios
malo Loki, enojado por no haber sido invitado, logró introducirse a escondidas
en el banquete, u desde entonces -según la historia- el número 13 ha sido
considerado de mala suerte. Otros opinan que la creencia comenzó con el
cristianismo. En la Ultima Cena había trece personas: Jesucristo y los doce
apóstoles. La Ultima Cena fue seguida por la crucifixión de Cristo, y así el
número 13 fue nuevamente relacionado con el hecho terrible. Se cree que Cristo
fue crucificado un viernes 13. He aquí una coincidencia mas entre el Nazareno y
el Gran Maestre Jacques de Molay, ambos crucificados en viernes trece.
Esto explica por qué el día viernes 13 es considerado por algunos supersticioso
como de mala suerte. Por ejemplo, se cree que el viernes 13 es un mal día para
comenzar un nuevo trabajo, para salir de viaje, parta cortarse las uñas, o para
casarse.
El concilio de Viena acordó la suerte de los templarios procesados. El 18 de
marzo de 1314 el Gran Maestre, fue conducido junto con otros Dignatarios de la
Orden, al atrio de la catedral de París. En aquel marco solemne el tribunal
dictó sentencia condenatoria. Jacques de Molay y los otros grandes dignatarios
templarios fueron condenados a cadena perpetua. La reacción del Maestre, que
quizá había negociado una pena liviana a cambio de sus vergonzosas
inculpaciones, había sido inútil, entonces vañerosamente proclamó que las
herejías imputadas a los templarios eran completamente falsas y que la Orden del
Temple era santa, justa y católica, diciendo:
"Yo pienso que me asiste el derecho ante este solemne momento cuando mi vida
tiene tan poco tiempo por delante [él tenía casi setenta años] que yo debo
revelar la verdad de lo que se ha practicado y he dicho como una verdad. Ante el
cielo y la tierra y con todos ustedes aquí como da testimonio, yo admito que soy
culpable de la iniquidad más grande. Pero la iniquidad es que yo he mentido
admitiendo los cargos repugnantes puestos contra la Orden. Yo declaro, y debo
declarar, que el Orden es inocente. Su pureza y su santidad está más allá de
toda duda."
El Gran Maestre de los Templarios fue ejecutado esa misma tarde, Jacques de
Molay y otros treinta y seis templarios fueron quemados en la hoguera, en una
isla del Sena. El Gran Maestre, cuando vio la hoguera dispuesta, se desnudó sin
titubear quedándose en camisa. Maniatado, lo llevaron al poste y le ataron las
manos con una cuerda. Él dijo a sus verdugos:
"Al menos dejadme que junte un poco las manos para orar a Dios, ya que voy a
morir. Dios sabe que muero injustamente. Estoy convencido de que Él vengará
nuestra muerte. A vos, Señor, os ruego que volvaís hacia mí el rostro de la
Virgen María, Madre de Jesucristo."
Se le concedió lo que pedía y murió dulcemente en esta actitud, dejando
maravillado a todo el mundo."
El papa Clemente V falleció apenas transcurrido un mes de la muerte del Gran
Maestre. Ocho meses más tarde lo seguía a la tumba Felipe IV el Hermoso. La
misma oscura suerte corrió el canciller Nogaret. Enguerand de Marigny, el
siniestro ministro de finanzas del rey, murió ahorcado al año siguiente.
Guillamme de Plaisians murió también al poco tiempo, sin haber alcanzado la
riqueza y los honores que pensaban. Froyrac, el traidor, murió apuñalado. De un
modo u otro todos los actores de este drama desaparecieron del escenario en
cuanto cayó el telón; como si el grito de Molay pidiendo venganza hubiera sido
escuchado en lo más profundo del Cosmos.
Las reacciones de los monarcas de las diferentes provincias templarías fueron
muy diversas y en ningún caso se dió el trato criminal que les dió Felipe IV,
muy al contrario, los templarios no fueron molestados en esos reinos hasta muy
avanzado el proceso en Francia, nadie creía las nauseabundas calumnias del rey
francés.
En Inglaterra los templarios guardaron la pena de perpetua penitencia, según el
Concilio de Londres, la que cumplieron en la paz e intimidad de los claustros,
no hubo la menor violencia.
En Italia hubo una mayor controversia, se utilizó tortura, surgieron
confesiones; pero los Concilios de Rarena y Pisa acordaron entender como
inocentes a los templarios.
En Portugal los miembros de la extinta Orden del Temple el rey Dionis les acogió
en una nueva Orden llamada de Cristo que mantiene su existencia en nuestros
días.
En Alemania se organizó el Sínodo de Maguncia en el que se dictó sentencia
absolutoria. los templarios alemanes se dispersaron por el mundo, aunque la
mayoría encontraron fraternal acogida en la Orden Teutónica.
En España según las diferentes zonas hay que distinguir diferentes sucesos.
Jaime II de Aragón cambió de parecer al recibir cartas de Felipe IV; intentó
asumir las posesiones del temple, encontrando una clara oposición por parte de
los templarios de su reino. En el Concilio de Tarragona fueron absueltos. En
Castilla-León los templarios pasaron a otras Órdenes Religiosas.
Aquella orden de Caballería, repleta de heroes y de mártires, creadora de
riqueza, de paz, de trabajo, de estabilidad, se vió envuelta en un torbellino de
codicia y de maldad, no mereció el final que tuvo. Víctima de la ambición
criminal de un rey inmoral y de un Papa corrupto, la orden del temple nos deja a
pesar de todo un legado de armonía, de fortaleza y de conocimiento, imposible de
desatender por los hombres de cualquier época.
Que por siempre la Paz sea con ellos, por lo que fueron y por lo que pudieron
llegar a ser.
La distancia de 1274 años entre las dos crucifixiones enterraron las verdaderas
enseñanzas de Jesús, siendo remplazadas por los adulterados helenismos místicos
ideados por Pablo. Pero al hacerse públicas, los conceptos de equidad,
responsabilidad social y del poder del conocimiento humano resurgen llenando el
vacío que dejo la Época del Oscurantismo.
DATOS DEL SUDARIO EXPUESTO EN TURÍN.
En el año de 1353 quince décadas después aparece en Lirey, Francia bajo la
propiedad de los Condes de Charny, quienes lo conservaron hasta el año 1452
donde atrajo multitudes que lo veneraron. Un nuevo cambio de rumbo lleva el
Sudario en 1518 a los Duques de Borgoña en Francia.
Un 3 de diciembre de 1532 un violento incendio estuvo a punto de destruir el
sudario y dejó en él huellas indelebles. Por el intenso calor una gota de plata
derretida proveniente de la urna que lo contenía cayó en uno de los ángulos de
la tela, provocándole daños irreparables, más la imagen que llevaba impresa no
fue dañada.
En el mes de septiembre de 1578 el manto es trasladado a Turín, Italia y
depositado en la Capilla de San Lorenzo y a la fecha está depositado en su
propia capilla del Santo Sudario, en la Catedral de San Giovanni.
En sí, el Sudario es un mapa humano que presenta una doble imagen, frontal y
dorsal del cuerpo del hombre que envolvió.
En la impresión se determina claramente una excoriación muy grande y magullada
sobre su hombro derecho, por haber transportado prolongadamente un pesado objeto
de madera rugosa, sin pulir.
El cuerpo que envolvió tenía heridas graves, llagas abiertas como labios
ensangrentados, magulladuras consecuentes de golpes que fueron asestados con
precisión y de forma sistemática. Marcas profundas de latigazos en ambas partes
del cuerpo -dorso y espaldas- y en las pantorrillas; excoriaciones profundas en
la frente y en el cráneo heridas semiprofundas alrededor de la cabeza, por la
imposición brutal de objetos apuntiagudos y afilados penetrantes en su cuero
cabelludo y en la cintura mucha sangre; (en libros antiguos se habla de
latigazos en los testículos que posiblemente pudieron reventarlos con gran
dolor); herida profunda en la planta del pié derecho, todos signos del más cruel
tormento.
Siete lesiones en su cara son visibles en la impresión en sangre del sudario:
Sobre el arco de ambas cejas tumefactas, una hinchazón bajo el ojo derecho por
fuerte golpe de revés. La nariz hinchada, el hueso de la nariz ligeramente
desviado hacia la izquierda que por el golpe recibido se pudo haber desprendido
bajo la piel el hueso nasal y su cartílago, por violento golpe asestado con gran
fuerza, con un objeto contundente y grueso como un tremendo bastonazo impactado
en su nariz.
Según las leyes de Sanedrín los castigos eran de 39 latigazos, no así la ley
romana que eran sin fin, propiciados hasta la muerte, cuando era muy grave la
falta. La flagelación que recibió Cristo provocó heridas que pusieron en carne
viva su piel. Una interminable lluvia de golpes sobre la víctima que estaba
atada a un pilar recibiendo sistemáticamente golpes de dos verdugos, a su
diestra y siniestra. Uno con una correa de cuerpo en cuyas puntas de ataban
bolitas de plomo que provocaban contusiones y tumefacciones muy grandes; el
otro, con una correa de cuero en cuyas puntas se ataban huesitos de cordero o
astrálagos, que al caer con fuerza en la piel inflingían dolores de incalculable
suplicio, encaminados hacia el martirio y la muerte. Presentaba un corte
profundo en la muñeca izquierda; otra, de bordes abiertos en el tórax, costado
derecho, donde penetrara un objeto punzante, método utilizado para dar el golpe
final al moribundo.
Todos nosotros conocemos la imagen difundida por la iconografía cristiana que
representa a Jesús en el camino hacia el Monte Calvario curvado bajo el peso de
una Cruz Latina, formada por dos travesaños cruzados en ángulo recto.
Si vemos al crucificado del Sudario debemos reconocer que la cruz no fue de
forma latina. Los condenados a muerte no llevaban jamás una Cruz completa, pues
estaban obligados a arrastrarse con el peso del brazo trasversal de la Cruz al
Patíbulo, ya que el brazo más grande estaría clavado en la tierra, aguardando
por él.
El suplicio de sus manos: La
fijación de las manos por las muñecas desde la cara interna hacia la externa era
simple y habitual en todo verdugo experimentado y así ocurrió con la mano
izquierda; en el examen del sudario permite ver huellas del pulgar envuelto
hacia el interior de la mano. Por qué? Simplemente, porque cuando el clavo
atravesó el espacio blando y los primeros tejidos flácidos de la muñeca, el
pulgar se proyectó hacia adentro, alcanzando el nervio mediano; el sufrimiento
provocado por esta brutal agresión genera dolores cuya intensidad es imposible
de imaginar, puesto que el nervio mediano es nervio-motor y sensitivo.
En el caso de la mano derecha, el clavo no penetró con el primer martillazo y
pareciera que hubiese salido y entrado varias veces antes de fijarla al madero
de la Cruz. Finalmente algunos científicos consideran que la muerte del
crucificado del Sudario se produjo por asfixia, dada por posición forzada del
cuerpo en que los músculos del pecho estaban en tensión extrema, estirados al
máximo, manteniendo al cuerpo en una posición de aspiración forzada lo que le
impedía la expulsión del aire viciado de los pulmones, más el agotamiento
físico, crearon las condiciones extremas de muerte por asfixia.
BIBLIOGRAFÍA:
La Clave Secreta de Hiram de Christopher Knight y Robert Lomas
www.aciprensa.com/sudario.htm
Última
actualización: 16 de Enero del año 2007 E:. V:.
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